Veracruz, Ver.

     
De un plumazo


El adiós a un frívolo

Lunes 3 de Septiembre del 2018

Enrique Peña Nieto redujo a piltrafa la figura presidencial.
En su trimestre vigésimo tercero, con una aprobación de tan sólo el 18 por ciento, hizo un ejercicio de mea culpa, en el colmo del cinismo político.
Nunca antes, des Carlos Salinas, un inquilino de Los Pinos había recibido un rechazo generalizado, casi unánime, de los mexicanos.
Peña Nieto ha sido una vergüenza para la institución que representa.
Una vergüenza para los mexicanos que hace seis años le dieron su voto.
Poseedor de una torpeza verbal sólo equiparable a la de Vicente Fox, un maestro del fúsil de tesis universitaria, rudimentario en la lectura casi en reflejo del mexicano promedio que al rechazarlo demuestra su odio interno por su incultura e ignorancia, exponente supremo de la corrupción que nos ahoga como un cáncer, Enrique Peña Nieto es el arquetipo de todo lo que somos pero que nos negamos a aceptar.
Exponente de la frivolidad saqueadora de un país que ha resistido todo, hasta esta clase política que esperamos todos -con nuestro voto el domingo 1 de julio- ya se largue de una vez y para siempre de la faz de la república, su sexenio fue una fiesta de impunidad que nos sumió en una frustración colectiva.
Ahí está la oportunidad para que Andrés Manuel López Obrador de ponga el traje de estadista y con lo mínimo necesario, nos devuelva la dignidad perdida.