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Arrumacos |
Lunes 3 de Junio del 2019
En la ciencia política se dice que «hay más lealtad en la complicidad que en la amistad».
El concepto es un karma que se repite en ciclos desde los tiempos del agua tibia hasta nuestros días.
Fidel Herrera Beltrán decía que en política lo que se arregla con dinero, sale barato. Esta filosofía populista fue el centro de su gobierno.
En los nuevos tiempos de la 4ª. T, los vientos arrastran estas practicas en el ejercicio de la gobernanza.
Edel Álvarez Peña, presidente del Tribunal Superior de Justicia es un claro ejemplo de las lealtades temporales, del trapecismo puro y duro.
Para llegar a la presidencia del TSJ traicionó a Javier Duarte, fue seducido por Miguel Ángel Yunes Linares en el bienio de la persecución mediática, y ahora camina de la mano de Cuitláhuac García Jiménez.
Experto en malabarismos, Álvarez Peña se ha olvidado de Miguel Ángel Yunes Linares, quizá en un quiebre premonitorio respecto al otrora poderoso gobernador en el bienio pasado.
Decía don Jesús Reyes Heroles que «en política la forma, es fondo». Nada ha cambiado en 90 años del sistema mexicano.
Y los arrumacos facilones del presidente del TSJ sólo envían un mensaje: el yunismo es un Tehuacán sin gas.