Milenio / / Lunes 24 de marzo del 2025
Leire tiene 8 años y como muchas de las niñas de su edad, cayó en la fiebre de los capibaras. Tiene una taza, llavero, peluche, stickers y hasta calcetines con la figura de este adorable animal.
El furor escaló, cuando, después de ver a uno en vivo y a todo color en un acuario, pidió a su mamá un roedor gigante de mascota. La respuesta natural fue no, pero la pequeña insistió, “¿Por qué no?”.
¿Por qué no tener un capibara de mascota?
La simpatía que despierta este singular roedor originario de América del Sur los ha llevado a darle la vuelta al mundo: en Tokio, Japón, se abrió un café de capibaras. Los visitantes toman su bebida mientras acarician el pajizo lomo del animal. El éxito es tal que para entrar hay que hacer reservaciones con anticipación.
En redes sociales circulan videos de ellos conviviendo con un sin fin de animales, se les ve igual de cómodos entre perros que entre cocodrilos. Su apacible personalidad los ha convertido en la cara de innumerables memes e incluso de películas: son uno de los personajes principales de Flow, cinta ganadora como Mejor Película Animada de los Oscar 2025.
Entonces, ¿por qué no tener uno de mascota? Las respuestas podrían ser obvias, sin embargo, si algo se ha confirmado a lo largo de la historia es que, lo que resulta lógico para algunos, no lo es para otros. De ahí que en Tiktok se pueda encontrar una infinidad de vídeos de personas conviviendo con capibaras, acariciándolos e incluso paseándolos por las calles con una correa.
Ojos pequeños y en calma, regordetas extremidades y el contoneo de su corpulento cuerpo: mucho del deseo de las personas por convertirlos en sus acompañantes proviene de su tierna apariencia.
“De decir, ‘Wow un capibara, que bonito’ Es como si quisiéramos proyectar o trasladar esa característica del animal hacia nosotros poseyéndolo. Sin embargo, como es el caso de cualquier animal silvestre, ésta no es una buena idea”, cuenta la Adriana Celada, bióloga, maestra en Ciencias y consultora de Animal Heroes, organización defensora de animales.
Entre las muchas razones del por qué no es buena idea tener un capibara de mascota, están las necesidades de los carpinchos (como se les conoce en Argentina, Uruguay y Paraguay). Esta especie vive en las orillas de los pantanos, lagos y ríos tropicales de América del Sur y Central. Se reúnen en grupos de entre 10 (durante la temporada de lluvias, cuando su hábitat se inunda) y 100 ejemplares (en época de sequía).
“Tener a un animal separado o individual, en automático atenta contra su bienestar, porque no va a poder desarrollarse de la manera que debería”, comenta la especialista en una entrevista para MILENIO.
Ahora bien, si alguien estuviera dispuesto a adoptar a toda una manada de capibaras, el siguiente punto a tomar en cuenta es que son animales grandes y pesados: pueden medir entre 1 y 1.5 metros de largo y pesar entre 35 y 80 kilogramos (casi lo mismo que un San Bernardo).
El terreno que requerían no sólo tendría que ser enorme, sino que además, necesitarían de un lago. Sus poderosas y cortas patas están equipadas con pezuñas palmeadas que les permiten pasar gran parte de su vida refrescándose en el agua, de ahí que sean catalogados como animales semiacuáticos.
Eso sin contar la comida. Un capibara adulto come entre 4 y 7 kilos diarios de hierba fresca, pero no se trata de una dieta de ensalada de pasto: debe integrar una variedad de plantas acuáticas, juncos, frutas y verduras.
“Entonces, habría que proveer a cada uno de los 10 capibaras de alimento todos los días. Estamos hablando de casi 50 kilos de alimentos diario”
Sin embargo, y probablemente la mayor complicación es conseguir a un especialista que lo atienda en caso de que se enferme.
“Los veterinarios especialistas en fauna silvestre normalmente se enfocan en un grupo específico de animales. Encontrar a un veterinario de capibaras en México, si no viene de un zoológico especializado, es muy poco probable”
A la larga, éste será un gran impedimento para el bienestar del roedor: el día que requiera de cuidado no sólo será difícil conseguir la atención médica, sino que además resultará sumamente caro: “no vas a pagar una consulta de 200 pesos, vas a pagar miles de pesos, eso sólo en el caso de que logres encontrar un veterinario”.
¿Es legal comprar y tener un capibara en México?
En México el carpincho es considerado un animal exótico, sin embargo, no hay ley que prohiba tener uno de mascota. Él o la interesada tendría que tramitar un permiso a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para hacer de su adquisición un proceso legal. Para la bióloga este es un serio problema, pues el proceso no garantiza el bienestar del capibara ni de ningún animal de fauna silvestre.
“Permitir su adopción sin tener la capacidad institucional para dar seguimiento a esos permisos que se dieron tiene consecuencias muy graves”, advierte Adriana.
A pesar de que en teoría es legal, los altos precios en los criaderos regulados junto con la popularidad son un potencial incentivo para el tráfico ilegal de animales, uno de los delitos más rentables del país. A medida que la demanda crece, el mercado irregular también lo puede llegar a hacer, como destaca la bióloga.
Por otro lado, no sólo incrementa el peligro para la especie sino también para las personas. Recientemente se viralizó un video de un carpincho atacando a una joven que intentaba tomarse una foto con él. Cómo cualquier animal silvestre, los capibaras pueden ser agresivos en ciertas situaciones.
??
Abandonar a un capibara
El otro riesgo dentro de la ‘demanda’ de capibaras es el daño que implicaría a los ecosistemas. Especialmente si estos animales son abandonados, como ya sucede con muchas mascotas en el país —de acuerdo con la organización Mars Petcare, más de 29.7 millones de perros y gatos en situación de calle—.
Dejar a un capibara vagando en un ambiente ajeno puede convertirlo en una especie invasora. La defensora animal destaca que más del 90% de este tipo de especies llegan precisamente por descuido humano.
“Cuando se pone muy grande o empieza a requerir de más inversión, van y los abandonan”.
Adriana recuerda que éste fue el caso de las tortugas, cuando ella era niña, los anfibios comenzaron a aparecer en Chapultepec, Xochimilco y el Jardín Botánico de la UNAM, lo que terminó afectando el ecosistema.
“Eso puede pasar con los capibaras. La gente dice ‘ya no sé qué hacer con este animal, no lo voy a matar, pero lo voy a aventar a la Ajusco, a la Marquesa (..) Los capibaras definitivamente pueden llegar a desplazar a especies nativas y competir por recursos. Sobre todo si estamos hablando de un consumidor primario”, detalla.
Entonces, ¿qué opciones hay?
Los únicos animales que son considerados animales de compañía son los perros y los gatos (aunque el comportamiento de estos últimos aún mantiene vivo el debate sobre si entran o no en esta categoría).
“Los animales domésticos han cambiado algunas características genéticas para vivir en proximidad de los humanos, pero los animales de compañía pueden vivir no sólo en proximidad sino también en un contacto directo con los humanos”, agrega la maestra en Ciencias.
Este proceso requirió de miles de años. Se calcula que los perros llevan al menos 10 mil años viviendo con las personas, además, las investigaciones apuntan a que esto no requirió de intervención humana directa: los canes encontraron comida fácil y mayores posibilidades de sobrevivir a su lado, de ahí que la hipótesis de autodomesticación.
El adoptar a uno gato o un perro requiere de compromiso y recursos para cubrir los gastos del alimento, el veterinario, etc. (algunos estudios señalan que un perro o gato de tamaño mediano puede costar alrededor de mil 436 pesos al mes).
“Adoptar tiene que ver también con el espacio físico, la disponibilidad de tiempo. Es importante averiguar si las características son compatibles: si yo no soy una persona que camina más de media hora, pasó casi todo el día en la oficina, es probable que no sea conveniente adoptar a un perro de alta energía”, insiste la especialista.
Así que, más allá de su carisma y de la idea romántica de tener un compañero incondicional, la realidad es que las responsabilidades y desafíos de mantener a un animal son más de lo que cualquiera podría imaginar, especialmente cuando se trata de un "gran roedor zen".
¿Un hogar con piscina privada, toneladas de pasto fresco y un veterinario especializado a la vuelta de la esquina? Para la gran mayoría esto está completamente fuera de su presupuesto.
Quizá lo más sensato sea seguir admirando a estos adorables gigantes desde la distancia: en documentales, áreas naturales o simplemente compartiendo memes. Después de todo, los capibaras parecen mucho más felices haciendo lo suyo: chapoteando en los pantanos, liderando manadas y protagonizando videos virales, que encerrados en un patio trasero. A veces, lo mejor que podemos hacer por un animal es amarlo… desde la pantalla de nuestro celular.