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Obama acude al Congreso para intentar salvar la reforma sanitaria



El País / Washington, EU / Miercoles 4 de enero del 2017

El proceso para anular y reemplazar el sistema de salud se anticipa largo y puede que los estadounidenses tarden tiempo en notar sus consecuencias, pero los republicanos han querido disipar cuanto antes cualquier duda sobre sus prioridades. Este mismo martes, mientras el Senado celebraba las sesiones de investidura de los nuevos cargos, la mayoría republicana presentó un proyecto de ley para empezar a cortar los tentáculos del sistema de salud que desde 2010 se ha convertido en el centro de sus disputas con el presidente demócrata.

Obama reaccionó con una reunión en el Capitolio con todos los legisladores demócratas para dibujar la estrategia de defensa. El líder de la oposición en el Senado, Charles Schumer se declaró “inspirado” tras el encuentro y afirmó que la coalición es “optimista” ante la posibilidad de que gran parte de la reforma siga en pie a pesar de lo que calificó como “asalto total” a la ley. “Quieren demolerla pero no tienen nada con lo que reemplazarla”, dijo Schumer. “Eso significa que muchas de las cosas positivas de esta ley seguirán vigentes. Lo que proponen los republicanos solo llevará al caos”.

Los demócratas confían en que la falta de una supermayoría de 60 votos en el Senado —los republicanos tienen 52 senadores de un total de 100— les permita proteger aspectos de la ley como la cobertura de menores de 26 años bajo las pólizas de sus padres o la prohibición a las compañías médicas de negar asistencia a personas con condiciones médicas existentes antes de contratar el seguro.



La gran batalla legislativa para desmantelar la reforma sanitaria del presidente Barack Obama ha comenzado. Apenas 24 horas después de que arrancara el curso político en Estados Unidos, los republicanos ya habían presentado su primera propuesta para desmantelar el sistema de salud que ha marcado el legado de Obama a nivel doméstico y anunciaron que el presidente electo se dispone a firmar una orden ejecutiva para revocar la legislación el mismo día que asuma el poder.
El presidente Obama junto a los líderes demócratas antes de la reunión.
El presidente Obama junto a los líderes demócratas antes de la reunión. KEVIN LAMARQUE REUTERS

El proceso para anular y reemplazar el sistema de salud se anticipa largo y puede que los estadounidenses tarden tiempo en notar sus consecuencias, pero los republicanos han querido disipar cuanto antes cualquier duda sobre sus prioridades. Este mismo martes, mientras el Senado celebraba las sesiones de investidura de los nuevos cargos, la mayoría republicana presentó un proyecto de ley para empezar a cortar los tentáculos del sistema de salud que desde 2010 se ha convertido en el centro de sus disputas con el presidente demócrata.

Obama reaccionó con una reunión en el Capitolio con todos los legisladores demócratas para dibujar la estrategia de defensa. El líder de la oposición en el Senado, Charles Schumer se declaró “inspirado” tras el encuentro y afirmó que la coalición es “optimista” ante la posibilidad de que gran parte de la reforma siga en pie a pesar de lo que calificó como “asalto total” a la ley. “Quieren demolerla pero no tienen nada con lo que reemplazarla”, dijo Schumer. “Eso significa que muchas de las cosas positivas de esta ley seguirán vigentes. Lo que proponen los republicanos solo llevará al caos”.

Los demócratas confían en que la falta de una supermayoría de 60 votos en el Senado —los republicanos tienen 52 senadores de un total de 100— les permita proteger aspectos de la ley como la cobertura de menores de 26 años bajo las pólizas de sus padres o la prohibición a las compañías médicas de negar asistencia a personas con condiciones médicas existentes antes de contratar el seguro.

En un encuentro paralelo, el vicepresidente electo Mike Pence también se reunió con los líderes republicanos para concretar los pasos a dar en los próximos meses. Pence anunció que Trump firmará decretos presidenciales el mismo día en que asuma el poder para eliminar la reforma sanitaria y explicó que la futura Administración republicana quiere “desmantelar y sustituir” al completo el sistema de salud existente desde 2010. Pence argumentó que el voto de los estadounidenses el 8 de noviembre refleja su elección acerca de “Obamacare”, como se conoce a la reforma. “El pueblo americano lo ha rechazado”.

Junto a él, el speaker de la Cámara y republicano de más alto rango en el Capitolio, Paul Ryan, insistió en que la revocación de la ley sanitaria es la prioridad máxima de su partido y que cuentan con un plan para reemplazar el sistema actual, aunque no han detallado cuál ni cómo entraría en vigor. Ryan recuperó el argumento que en los últimos años ha puesto la reforma sanitaria en el centro de la pugna entre los que consideran que constituye una intromisión del gobierno federal en el poder de los estados y en las decisiones de ciudadanos. “Queremos que vuelvan a tener un seguro asequible, con más libertad, y poner de nuevo esa decisión en sus manos”, dijo Ryan.

Pence, que representaba al Estado de Indiana en 2010, cuando se debatió la reforma sanitaria en el Congreso, insistió en que Trump ha pedido a los legisladores que haya una transición “suave” al nuevo sistema y que ningún ciudadano vea interrumpida su cobertura. La eliminación de Obamacare puede dejar sin seguro a cerca de 30 millones de personas, la mayoría de ellos sin recursos para adquirir una póliza privada.

El vicepresidente electo también anunció que Trump estudia estos días los decretos que puede firmar “antes de que acabe su primer día en el Despacho Oval” para acelerar el proceso que elimine la reforma sanitaria. Los republicanos ya han adelantado parte de ese trabajo presentando este martes una resolución presupuestaria que da las indicaciones necesarias a los comités que redactarán después cada una de las secciones de la nueva ley.

Trump lo celebró en Twitter recordando que algunas de las pólizas se han encarecido notablemente en los últimos años, como ya estaba previsto, y que “la gente necesita saber que Obamacare no solo no funciona, también es muy caro”.

La reforma sanitaria cuenta con un amplio respaldo entre los estadounidenses, por lo que los republicanos pueden pagar un precio a largo plazo. Apenas uno de cada cuatro ciudadanos apoya eliminar la reforma en su totalidad y un 30% está a favor de ampliar sus provisiones, según datos de diciembre de 2016. Los republicanos, además, carecen todavía de una propuesta que responda a cuestiones como qué pasará con los 22 millones de asegurados por Medicare, si eliminan las ayudas a personas sin recursos, los 20 millones de personas que compraron por primera vez un seguro gracias a la reforma o cuál es el marco legal al que deberán atenerse las aseguradoras.