Veracruz, Ver.

     
Jorge A. González




Espacio cultural

Sin cultura del mantenimiento



Jueves 14 de Septiembre del 2017

Todo aquél ciudadano que cumple con sus obligaciones fiscales y otros impuestos federales, estatales y municipales tiene derecho de solicitar servicios públicos básicos y de calidad a sus gobernantes.

En teoría así tendría que ser. No obstante, en la realidad no es así. Y nos vamos a referir únicamente a la obra pública de caminos y carreteras, llámese federales, estatales o municipales.

Se trata de una problemática compleja que va más allá del: yo ciudadano pago impuestos y tú gobernante me das servicios.

En primera instancia hay que ver cuántos ciudadanos cumplimos en verdad con nuestras obligaciones fiscales y el resto de los impuestos que recoge el estado y el municipio.

¿Usted es un ciudadano responsable? Usted sabrá.

Tampoco podemos reducir el problema de la falta de obra pública a la escasa recaudación de recursos públicos, existen otros factores importantes que hemos dejado de lado y que es importante señalar.

Sin duda usted ha visto a través de los años que los gobiernos inauguran obras como: carreteras, caminos, puentes, pasos a desnivel, libramientos y demás.

Los gobernantes siempre estarán preocupados por dar el banderazo de inicio de una obra, muchas veces sin importar la calidad, materiales y viabilidad de las mismas.

Al ciudadano, muchas veces no le importa cuánto costó y cuál es la calidad de la obra, lo que les importa es usarla de inmediato. Quizá es una obra que estaba exigiendo desde hace muchos años.

Hasta ahí la historia está bien. Ciudadanía y gobierno están en paz. Pero nos olvidamos de algo muy importante. Que las obras públicas no son eternas ni para siempre.

La irresponsabilidad de los gobiernos y el desinterés de la ciudadanía (poca participación ciudadana) son la mancuerna perfecta para que nuestras vías de comunicación terrestres estén para llorar.

El paternalismo entendido como “dame gobierno” ha puesto al ciudadano en una posición cómoda, para sólo estirar la mano y recibir. Eso nos convierte en una sociedad dormida, menos consciente; lejana de su responsabilidad como ciudadanos.

Si hoy en el estado de veracruz tenemos carreteras en malas condiciones, no sólo es culpa de los gobiernos, de la corrupción y de la mala planeación de los proyectos en su momento. El ciudadano tiene una importante responsabilidad en la problemática.

Solemos hablar de democracia cuando estamos en tiempos electorales, pero le damos la espalda a nuestras obligaciones civiles dentro de esa democracia cuando se ha elegido a un actor político y creemos que él debe resolvernos la vida.

Esa errónea idea de que “lo ungimos y le pedimos” debe quedar en el pasado. El ciudadano debe involucrarse en la gobernabilidad de su país, región o ciudad donde vive.

Si el sistema carretero en Veracruz está en malas condiciones se debe a que las administraciones públicas pasadas se preocuparon más por llenarse los bolsillos, construir a medias, beneficiarse con contratos millonarios y planear toda una red de mentiras y complicidades para robar el dinero de los veracruz.

En lo que menos pensaron, por lo menos en los 12 años pasados fue en una palabra, a la que no estamos acostumbrados ni a pronunciar ni a ejecutar: “mantenimiento”.

No hay que olvidar que las malas o buenas obras son herencias. El concreto hidráulico por ejemplo no se deteriora en uno o dos años, pero tendría mayor durabilidad si las subsecuentes administraciones le diesen mantenimiento. Cosa que no ocurre con frecuencia.

Cualquier obra de financiamiento público, sin excepción, tendría que estar sujeta a mantenimiento de parte de sus responsables, independientemente del cambio de administraciones.

Qué implica el trabajo de mantenimiento en la administración pública: ahorro de recursos públicos, carreteras con mayor durabilidad, seguridad del conductor, puentes funcionales, señalización para una mejor orientación y optimización de recursos para obras nuevas.

Sin la cultura del mantenimiento lo que tenemos es lo que usted padece en la actualidad: carreteras en mal estado, baches por todos lados, puentes deteriorados, hundimientos, socavones, inundaciones, riesgo para el conductor y desgaste de los vehículos.

El tema es claro, a los servidores públicos que llegan no les interesa el mantenimiento, les importa construir algo nuevo que el ciudadano vea que fue idea de su administración.

Sin duda el mantenimiento de obra es costoso, y peor tantito, desde la óptica electoral no se ve, no se puede presumir y no brilla.

No hay que ser ingeniero civil para saber que toda obra requiere de mantenimiento periódicamente para que se reduzca su nivel de deterioro al paso de los años, del tráfico y de las condiciones climáticas. Lo mismo sucede con las calles y avenidas de las ciudades.

Y usted se preguntará ¿Qué tiene que ver aquí la responsabilidad ciudadana? Tiene que ver y mucho.

Si una persona transita por una misma carretera todos los días para llegar a su trabajo, ya sea en su vehículo particular o en camión, se dará cuenta que ese paso -a largo o corto plazo- presentará deterioro, los más comunes: hundimientos, baches o grietas por los factores que ya mencionamos.

Después de 15 o 20 años ese mismo ciudadano seguirá pasando por ahí, pero lo hará más despacio, con precaución para no ponchar un neumático, para evitar dañar la suspensión, o bien para no tener un accidente con el automóvil que va a delante y que se detuvo intempestivamente por el mal estado de la vialidad.

Entonces aquí nos llega -junto con los baches- otra palabra arraigada entre la sociedad: conformismo.

Y solemos ponernos molestos cada vez que pasamos por esa carretera que no arreglan las autoridades, y quizá hasta soltemos uno que otro comentario de maldición al copiloto o al pasajero que va a nuestro lado; manifestación de la que no pasamos.

Hoy nos hemos resignado a que siempre nos vamos a encontrar con este problema vial; que así son las autoridades y que nos tenemos que acostumbrar a lo que nos dan y a lo que tenemos.

Jamás hemos visto a un ciudadano protestar o solicitar a las autoridades que se le dé mantenimiento a un puente, a una carretera o a una calle.

Y aquí hay que dejar claro algo. Hablamos de mantenimiento, no de construcción, reconstrucción, rehabilitación o reparación, que es muy distinto.

Esto pasa por que no tenemos la “cultura del mantenimiento”.

Por ejemplo, muchas veces llevamos nuestros automóviles al servicio cuando algo les falla o de plano porque no funcionan. Si el vehículo está bien, pensamos que no hay motivo para llevarlo a servicio.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) la palabra mantenimiento significa: “Conjunto de operaciones y cuidados necesarios para que instalaciones, edificios, industrias, etc., puedan seguir funcionando adecuadamente”.

Lo que nos lleva a concluir que para exigir mantenimiento de una obra no tiene que estar destruida o en condiciones precarias; usualmente el ciudadano comienza a quejarse cuando dicha vialidad está intransitable. Estados hablando de que algo functional bien, pero necesita acciones específicas para su operatividad continue functional.

Usted dirá: ¿Por qué el ciudadano tiene que estar al pendiente de lo que le corresponde a la autoridad? La respuesta es sencillo, porque la autoridad difícilmente va a invertir en algo hecho, sino en algo nuevo. En algo que exalte su imagen y su gestión.

Según los especialistas, no existen parámetros exactos de durabilidad de un obra, porque intervienen muchas variables, que van desde materiales, condiciones ambientales y de uso.

Ellos recomiendan hacer una inversión inicial -aunque sea costosa- pero de materiales de calidad, para que el mantenimiento a largo plazo sea menor; de lo contrario, al utilizar materiales económicos, el gasto de mantenimiento será mayor, y en el peor de los casos llega a superar a la inversión inicial de la obra.

Francisco Bucio Mújica, director técnico del Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y la Edificación (ONNCCE), recomienda que el director responsable de la obra debe asegurarse de la pertinencia de los insumos, de las técnicas constructivas elegidas y de la solvencia técnica del personal, así como de contar con las especificaciones de construcción para ejercer un correcto control de calidad.

“Y al terminar la obra, entregar un manual de mantenimiento preventivo para el usuario, que describa las actividades, la periodicidad y las características de los materiales y del personal a utilizar. Estas acciones seguramente eliminarán los vicios ocultos e incrementarán la longevidad de las obras”.

Recordemos que la ciudadanía y autoridades deben trabajar de la mano. Hay que decirle adiós al paternalismo y al conformismo, que nos llevan a convertirnos en una sociedad quejumbrosa y casa vez menos participativa.

La razón por la que el país está de cabeza es precisamente esa, la apatía a intervenir en nuestros propios problemas, y de esta manera le hemos dejado las manos libres a los políticos. Con nuestro silencio, indirectamente les conferimos el derecho a decidir por nosotros.

Los servidores públicos y representantes populares no están para tomar ediciones por nosotros, no los elegimos para eso, están para consensuar nuestras voluntades y tomar una desiciones que convenga a todos, no a él, ni a su dirigente, ni a su partido; a todos.

Nos leemos hasta la próxima.
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